Procrastinación (o el arte de dejarlo todo para después)

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He leido esta semana varios artículos sobre procrastinar, (aclaro que procrastinar se refiere a dejar una tarea para después, según la RAE: diferir, aplazar)

A todos nos pasa, ¿no?, a mi me pasa. Me da pereza hacer algo (ir a la peluquería, ponerme a escribir este artículo, limpiar los armarios de la cocina) y lo aplazo: mejor mañana que tendré más tiempo, esta semana no que voy muy liada, quizas mañana tendré más energía para hacerlo….

He leido varios artículos sobre las causas: exceso de perfeccionismo, miedo al fracaso (o al éxito, como ya comentabamos en un artículo anterior) y/ o la baja autoestima.

Pero a mi me gustaría hablar de otra cosa, de algo que creo que es más universal: nuestros personajes.

Cada uno tiene los suyos, y no todos son iguales, pero la mayoría tenemos un par que combinados pueden llevarnos a aplazar todas nuestras tareas: el exigente y el saboteador. (Perls los bautizó como perro de arriba y perro de abajo)

Hay un personaje exigente, un padre muy duro e inflexible que nos dice: ¡Tienes que hacerlo! Y además bien!, y ahora!. Y claro, en contraposición aparece otro que diría algo así como: Qué pereza… , estoy cansadx, mejor mañana. Uno se pone excesivamente exigente lo que provoca al otro, que entonces se siente presionado y agotado, lo que provoca al primero que aún exige más. ¿Sentís que alguna vez habéis estado en este bucle?

Cuando gana el segundo dejamos las cosas para otro momento, aunque a veces sean cosas que nos gustan (ir a nadar o a clase de yoga) y parece incleible que dejemos para otro momento algo que sabemos que nos nutre y nos da energía. Y si gana el primero es posible que hagamos las cosas “por obligación” sin disfrutar de lo hecho.

¿Qué hacer cuando pasa eso? No debemos tomarnos muy enserio a ninguno de los dos, intentemos separanos de esos personajes. Ni es tan importante hacer ahora y bien, ni estamos tan agotados/ ocupados para no hacerlo. Estos dos personajes son partes de nosotros, eso es indudable. ¿Que ocurriría si intentamos escucharlos equitativamente? Escucharlos y quedarnos en medio, y desde ahí decidir. Es posible que aparezca algo nuevo que no aparecía cuando era una pelea, un lucha por con-vencer.

Mi propuesta es que negociemos: quizá ahora no, pero mañana seguro que sí y sin excusas. O, quizas: voy a la piscina y nado un poco, aunque sean dos piscinas y si me canso lo dejo.

También es buena idea conectar con los beneficios: a mi me gusta practicar yoga y lo hago por que yo quiero. Si hago este trabajo hoy, o por lo menos lo empiezo me sentiré mejor conmigo mismx y no me agobiaré cuando lo tenga que hacer y disponga de menos días. Si empiezo hoy podré hacerlo poco a poco durante unas semanas.

Si quieres trabajar más este tema, o conocer a tus personajes la terapia gestalt y el coaching pueden ayudarte. ¡Llámanos!

 

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